MÉXICO: depois do território roubado, o muro – depois do debate no Porto

O muro real e virtual que se está a erguer na fronteira sul dos E.U.A. representa uma injustiça atroz, mas ao mesmo tempo flagrante, das políticas deste país com os seus vizinhos do sul.
Diariamente os recursos naturais dos países latino-americanos transformam-se em mais-valias económicas na bolsa de Wall Street, potenciando o crescimento económico do gigante do norte. No sul, as pessoas vão ficando mais pequenas, com menos direitos. Um deles é o direito de circulação, um direito negado, inversamente proporcional ao direito de circulação das referidas mercadorias.
O México, desde a assinatura do Tratado de Livre Comércio em 1994, tem vindo a transformar-se gradualmente num filtro de seres humanos que diariamente tentam alcançar a riqueza que lhes é roubada. O muro no sul dos E.U.A. é apenas a parede final. Antes disso estão os acordos de imigração que este país cumpre com xenófobo zelo para evitar a entrada de pessoas da América Central. Vejamos dados de 2006.
As autoridades mexicanas deportaram nesse ano 179 mil imigrantes, dos quais, 94% eram provenientes da América Central. Este pequeno isto que divide o norte e o sul do continente americano é um dos lugares no mundo onde o fosso entre ricos e pobres atinge níveis drásticos do ponto de vista social.

Cerca del 85% de los migrantes interpelados por la policía de fronteras de Estados Unidos son mexicanos. La pobreza, las desigualdades sociales llevan diariamente a incontables latinoamericanos a intentar una vida mejor en el “norte desarrollado”, pero relatos como el de “Muros, abusos y muertos en las fronteras: Violaciones flagrantes de los derechos humanos de los migrantes sin documentos en camino a Estados Unidos” muestran que la realidad encontrada es otra.
“En Estados Unidos, la FIDH considera como una grave e inaceptable violación del derecho a la vida, la política de “prevention through deterrence” que consiste en llevar a los migrantes a atravesar zonas más peligrosas con el objetivo explícito de que las numerosas muertes disuadan a otros migrantes”, dice el documento.
El relevamiento, elaborado por la Federación Internacional de Derechos Humanos (FIDH), fue entregado a autoridades mexicanas y estadounidenses, y revela que más de cuatro mil personas murieron en los últimos 12 años, intentando atravesar el muro que separa México de Estados Unidos. Ese número viene aumentando desde 2001. Solamente durante el año 2005, murieron 473 -260 en el desierto de Arizona.
En el informe, la Federación critica el hecho de que ambos países implementen legislaciones criminalizadoras y represivas que vulneran, entre otros, el derecho de los migrantes sin documentos a un proceso justo.
Estados Unidos gastó, desde 1994, más de 30.000 millones de dólares para construir en la frontera con México un muro real y virtual. “Ese dinero podría ser invertido en proyectos de desarrollo”, dice la FIDH. Sólo en 2006, las autoridades mexicanas deportaron 179 mil extranjeros que estaban en el país de paso hacia Estados Unidos, de los cuales el 94% eran de América Central.
En territorio estadounidense, los policías de la patrulla deportaron 858 mil personas, de las cuales 514 mil eran mexicanos y otros 50 mil eran ciudadanos de los demás países centroamericanos. En ese sentido, la Federación dijo que tanto México como Estados Unidos deben aceptar el fracaso de sus políticas e “iniciar una reforma profunda de la legislación sobre migración”.
La FIDH constató además que los migrantes, en tránsito por México, son víctimas de extorsiones, amenazas, agresiones, abuso sexual o violaciones y secuestros de migrantes, “tanto cometidos por las fuerzas públicas mexicanas como por los traficantes de migrantes”. Situación que se perpetúa por la casi total impunidad y por la enorme corrupción.
Un “coyote” (pasador de migrantes) cobra cerca de $3.000 dólares para hacer la travesía de una persona sin documento hasta Estados Unidos. Con el aumento del precio -antes era de $250 dólares-, el negocio se volvió rentable y pasó a ser realizado por grupos de delincuentes más organizados. Así, los migrantes quedan más vulnerables de ser robados, explotados o abandonados en medio del desierto.
En 2000, el censo de Estados Unidos reveló que más de 11 millones de habitantes del país son latinoamericanos -9 millones de los cuales son mexicanos. Sin embargo, la discriminación racial contra esas personas, especialmente las que viven en la frontera, es una constante. El aumento del flujo migratório, según la Federación, está directamente relacionado con la globalización neoliberal, que agravó las desigualdades.
América Central tiene 35 millones de habitantes, 19 millones de los cuales son considerados pobres -8 millones viven con menos de 1 dólar por día. Son esas personas, en su mayoría, las que ponen en riesgo sus vidas para intentar suerte en Estados Unidos. El Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA, sigla en inglés), según la FIDH también es un promotor de esas migraciones, pues aumentó todavía más las desigualdades económicas entre México y Estados Unidos. Además de haber contribuido al aumento de la desigualdad interna mexicana.
“Se estima que entre 1994 y 2004, 1,3 millones de campesinos mexicanos abandonaron sus tierras debido al aumento masivo del trigo y del maíz proveniente de Estados Unidos con precios subsidiados. Muchos de ellos (los campesinos) integran las cifras de migrantes rumbo al Norte”, precisó el informe.